PREY, YA A LA VENTA

Ya está a la venta ‘PREY’, el nuevo juego de Arkane Studios. Este FPS lleva dos pasos adelante las convenciones de su saga matriz, con una banda sonora escandalosamente buena y una trama que crece desde dentro hacia afuera.

Sobre todo por los aliens: una cadena trófica de bichos que en lo estético recuerda a ‘Dead Space’ pero en sus tripas hiede al David Cronenberg de finales de los 70. Como juego, ‘PREY’ nos dice que ha sido concebido en 2017. Como creación global podríamos emparejarla sin problema con la cacharrería de ‘Desafío Total’. ¿Eso es bueno? Spoiler: sí.

¿Qué es PREY?

En primer lugar deberíamos definir qué es ‘PREY’. ¿Un reboot, un remake, un reconcept? Es como intentar recordar una excursión de fin de curso de la que saliste completamente borracho. Entonces te inventas la mitad cada vez que cuentas las anécdotas, para presumir delante de los amigos. A la tercera versión ya no tiene nada que ver lo que cuentas con lo que pasó, pero aún sobrevive algún resquicio de aquel pasado. Eso es ‘PREY’.

‘PREY’ es un agitado pero no revuelto de ‘Dishonored’, ‘Deus Ex: Human Revolution’ y ‘Half-Life 2’. Y, si tiramos de la cuerda, también encontraremos algo de ‘Thief’, de ‘Bioshock’, de ‘Mirror’s Edge’ e incluso del olvidado ‘The Darkness’. Es decir, esa suerte de first person shooter donde pasas más tiempo interactuando con objetos que disparando. Hay hackeo, puzles contextuales, tarjetas de seguridad, torretas y muchos emails por leer. La vida real en el siglo XXI.

Con Arkane a medio terminar ‘Dishonored 2’, habrá quien sospeche que este ‘PREY’ parece salido de las sobras, de ideas descartadas. Flota en el aire una sensación de incertidumbre que la editora, Bethesda, ha intentado disiparla a golpe de tráiler hasta enseñar las mismísimas costillas del juego. Algo que tampoco le ha sentado especialmente bien. ‘PREY’ marca su propio ritmo y vela sus mejores trucos. Es pausado y frenético a partes iguales. Como ‘System Shock’.

Algo bastante cómico sabiendo que el primer ‘Prey’, el de 1995, partía fuertemente influenciado por ‘System Shock’… y este ‘PREY’ de 2017 grita más alto que ninguno sus raíces. Y estas no son otras que el dichoso juego de Warren Spector. Cazador cazado.

Año 2032: Kennedy gobierna el mundo

Así comienza ‘PREY’, con una ucronía. Y mirándonos al espejo, de nuevo. Somos Morgan Yu —tanto da si hombre o mujer—. Hablamos poco o nada y estamos en la mediana edad. Desde la primera estancia, el clásico loft sin paredes donde cama y cocina comparten el aire y las ventanas son más grandes que las mismas paredes, advertimos que podemos manipular casi cualquier objeto. Aunque no podremos levantarlos todos. No somos tan fuertes. Aún.

Y también, desde el primer minuto, sobre cada escenario pende una sensación de que todo se va a romper e irse a la mierda. Que se nos ha puesto ante un bello decorado para esconder una verdad terrible. Una tensión periclita y unos diálogos —robóticos— muy del gusto de ‘Fallout: New Vegas’ que nos recuerdan que no hay misión liminal además de sobrevivir.

Dicho de otro modo: sí, se pueden accionar interruptores, abrir o cerrar el agua de los grifos, pero coexiste otra capa de no-interacción que solo tienen los juegos buenos. Se llama atmósfera. Y de eso Arkane sabe un montón. Hay quien achaca aquí una falta de empaque gráfico. La realidad es bien distinta: el juego no es sólo simulador de la vida de Morgan, es también simulador dentro de su propia vida. Y hasta aquí puedo leer.

Vía: Xataka

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.

 

SIGUENOS EN FACEBOOK